- Comete el desayuno por favor, sabes que los
omelets de hoy son especiales - Saya levanto una ceja y medio arrugo la frente
al escuchar aquellas palabras de la boca de su padrastro, el "señor
Carson", así era como ella se dirigía hacia él. Saya era de las personas a
quienes no le gustaban que le dijeran exactamente lo que ya sabía que debía
hacer; además de eso, ella lo odiaba, su figura paterna le había sido
impuesta estando muy joven y a pesar de que por algún tiempo se llevaron bien,
desde hace unos meses su tolerancia hacia su padrastro se convirtió en
hostilidad, su familia creía que se trataba de una simple transición en su proceso
como adolescente, pero no era un odio solo hacia él, Saya parecía que odiaba a
todos los hombres en general, como si todos y cada uno de ellos la hubieran
ofendido gravemente y por descaro u osadía quisieran hablarle, contrariarla,
enfrentarla y tal vez aplastarla, su padrastro definitivamente encabezaba la
lista, a pesar de que hasta la fecha ha sido un padre ejemplar, un sencillo
trabajador que se hizo cargo de una viuda con sus tres pequeñas
hijas y un muy reconocido hombre religioso en su localidad. Saya sabía que
hacia mal, su religión no le permitía mantener semejante rencor, era
inconcebible para su moral, un completo acto de ingratitud para su madre, y
solo un show de rebeldía y envidia según sus hermanas, quienes obviamente
estaban más del lado del señor Carson que de ella y sus constantes actos de
desobediencia.
- Las niñas me ayudaron, tienes que estar
orgullosa de cuan creativas se han vuelto, en especial Marai - Dijo el señor
Carson señalando hacia la más pequeña de las niñas, ella era su primera hija
juntos y hasta ahora la más consentida de la casa ya que pronto nacería
Emanuel, el primer varón en la familia.
- Cuando vas a cambiar tu actitud hacia Kren? Es
como si te hubiera hecho algo despreciable - Dijo Lydia en voz baja a su hija
Saya sentándose a su lado en la mesa una vez le dieron un respiro después de
las descripciones de todos los preparativos y las decoraciones, pero Saya
rápidamente le interrumpió.
- ¡No pasó nada!, ¡Ay! De que hubiera pasado algo
madre, te aseguro que él no tendría esa sonrisa en su cara ahora mismo.
- ¡Saya! Porque eres tan… cruel con él, es mi esposo y ha sido un padre maravilloso hasta
ahora, tú lo querías hace algún tiempo y…
Nuevamente Saya se le adelanto:
- Las cosas no eran tan fáciles en ese entonces Saya,
ya te lo he dicho varias veces, llegará el momento en que entenderás porque hice
lo que hice, a veces tenemos que encarar ciertos sacrificios, este no fue...
uno de ellos, no es bueno que una mujer este sola, sabes que escrito esta que
el hombre y la mujer…
- Si madre, conozco ese pasaje… - Interrumpió Saya
de nuevo, luego hizo una pausa tratando de que las palabras salieran de su boca
- No tengo madera para esposa, creo, nada de esto es lo mío, nunca me voy… a
casar - murmuró.
- Oh... es eso entonces? en cierta forma esa
revelación me alivia, creo saber entonces el porqué de tu actitud, aunque… no
sé cómo esperas formar una familia tu sola; es… un temor pasajero, es por tu
edad, tu vocación ya se te revelará a su tiempo, no pienses en eso ahora, está
bien, sabes ya hablaremos de eso; por ahora por favor sonríe, quiero verte
sonreír estos días, comparte con nosotros, por hoy no quiero saber de
conflictos y caras amargadas - Mientras le decía esto a su hija con un tono
melancólico, Lidya le retiró un mechón de cabello que le cubría la cara y se lo
paso por detrás de la oreja. Saya suspiro y fingió que esbozaba una sonrisa, se
había vuelto muy hábil en fingir ciertas reacciones y decirle a las personas
algo que quizás querrían oír; amaba y respetaba mucho a su madre aunque no
estuviera de acuerdo con que ella hubiera sido relegada a un segundo plano por
su padrastro, luego dijo en voz alta y con un tono sobresaltado:
- Gracias, te deseo un muy feliz cumpleaños má… ¡Ay!
¡Tú Regalo! Ya vuelvo. - Rápidamente subió a su cuarto no por el presente de
cumpleaños olvidado, sino para huir. Una vez llego a su habitación cerró la
puerta y se descargó en su cama como si hubiera acabado de llegar de un pesado
turno de trabajo, este era su santuario, donde le gustaba pasar tiempo, siempre
a solas, ya fuera leyendo sus libros o alguna de sus biblias, escuchando música
de la única emisora góspel del área mientras hacia sus tareas o preparando y
organizando su agenda diaria.
A pesar de su educación y de las advertencias de
sus padres y del pastor de la iglesia, Saya tenía un gran interés sobre
literatura no tan religiosa, le fascinaban algunas historias de ficción como
Las Dimensiones de Zoe o la Trilogía de los Drones Olvidados, historias de
aventura como La Corsaria Anastasia, El Alfabeto del Mar, El Lotus Inmortal,
historias de romance como La Decisión más Sensata, Una semana y tres días en
Paris y La Boda que estuvo a punto de ser Cancelada, relatos de vengadores con
pasados tristes como en Búsqueda de un Lobo Huargo, La Determinación de Arhdiy
y El Káiser Carmesí, le gustaban varias historias especialmente si el personaje
principal era una joven mujer con quien se usualmente se identificaba, incluso
había leído algunos relatos algo oscuros y tal vez herejes sobre
otros dioses milenarios y seres espaciales, tan solo un par de libros de una
colección algo extensa pero escasa en la ciudad. La mayoría de estos escritos,
por no decir todos, eran literatura prohibida, uno de tantos secretos que tenía,
así como el sueño de un futuro muy lejos de la ciudad de Boowdyur, un futuro
exitoso, una vida independiente, lo cual a pesar de ser un sueño era también un
plan a largo plazo, ya tenía muchas cosas vislumbradas, algunas algo imposibles
pero aun así planeadas, contaba con algunos ahorros y mentalmente y por
internet ya había recorrido el camino fuera de la ciudad hacia la capital,
autopistas, variantes, rutas para ciclistas, calles de un solo sentido, atajos,
sabia cuanto costaba el alquiler de un carro, la estadía en un motel, el valor
de un desayuno en varios paraderos así como las direcciones de varias agencias
de trabajos temporales en la ciudad capital, y si todo fallaba aun podía contar
con la ayuda de una tía paterna a quien toda la familia a excepción de Saya le
había dado la espalda cuando revelo su orientación sexual, sabía que la
profesión que deseaba estudiar le costaría mucho, desde muy joven se había
decidido por el campo farmacéutico, algo que su familia apoyaba y que Carson
generosamente estaba dispuesto a financiar, la idea de deberle algo así a su
padrastro la saco de su ensoñación y la trajo a la realidad, tal vez su plan de
independencia moriría como uno de sus tantos secretos. Saya se levantó de la
cama y se dirigió hacia su closet, de una caja de cartón marcada como
“cuadernos viejos”, saco una bolsa que contenía el regalo de cumpleaños para su
madre, una hermosa placa redonda en madera con un ave tallada y pintada
completamente a mano, le tomo un par de fines de semana pero su regalo estuvo
listo con dos meses de anticipación, nadie supo de su proyecto. - Otro secreto
más - Pensó.
La palabra “sacrificio” que su mama había
utilizado en su anterior conversación vino a su mente. Saya había descubierto
por error durante una de sus estadías hasta tarde en la biblioteca del colegio
que había sido seleccionada para una extraña prueba, aunque no consiguió
información acerca de la naturaleza de la misma si había escuchado al rector y
a otros adultos comentar sobre las cualidades físicas y escolares de las niñas Esllor con un señor al que se
referían como el Consejero, también se había enterado que tendría un compañero
masculino casi de su edad y oriundo de Litora, un poblado vecino, reconoció el
apellido del chico cuando la junta lo pronuncio y casi maldijo en voz alta su
mala suerte, pensó que no tendría mejor oportunidad de abandonar su pueblo
natal y seguir su sueño que esta, aunque el hecho de que fuera la primer seleccionada
le hacía sentir cierto orgullo, no le gusto para nada su emparejamiento, la
reputación de su futuro compañero era conocida casi a nivel
"mundial", sin embargo no podría huir fácilmente, porque una de las
cláusulas que el Consejero demando era que en caso de que Saya no pudiera
presentarse su reemplazo tenía que ser la siguiente de las otras niñas Esllor,
y para su horror el Comisario Drake, quien también asistió a la reunión fue el
primero en decir que no tenía objeción alguna, seguidos por el Pastor de la
comunidad y el alcalde. Saya se vio en un aprieto, podría decirle a sus
hermanas que escaparan con ella, pero que haría con tres menores de edad
recorriendo medio país, seria secuestro y era seguro que sus hermanas no
abandonarían a sus padres, no tenía a quien delatar el plan que tenían para
ella, la “autoridad y la ley” estaban en esta conspiración, ya no tenía amigos
en el colegio y aparentemente no se podía confiar en ningún adulto. ¿Y si le
decía a su madre?, era seguro de que no le creyera y de que el señor Carson se
enteraría ya que su mama le informaba de todo y sus padres no tenían secretos
entre ellos y tal vez sería puesta en ridículo frente a la comunidad por el
hombre que más odiaba, además así le creyera no quería deberle su salvación a
su padrastro. ¿Y si escapaba? Tal vez seleccionarían a Triana su hermana menor,
muy lista y muy obediente, pero demasiado ingenua, no podía dejar a sus
hermanas con un pervertido, no era por religión, era su deber moral protegerlas
siendo la mayor.
Sacrificio, sacrificio… esa palabra le taladraba
la mente, ¿no habría otra opción? Sopeso todos factores como un problema
matemático siempre dando el mismo resultado, ¿qué clase de prueba era aquella
en la que varios ancianos tenían que reunirse tarde en la noche para
seleccionar a sus participantes de forma tan sospechosa? ¿Porque tanto
misterio? ¿Porque los principales jefes de la ciudad siguen y obedecen a un
extraño? ¿Habrá alguna especie de recompensa si gano? ¿Porque debía ser un
prueba en parejas y justo con ese? ¿Habría hecho algo malo en la comunidad anteriormente
y que mereciera ese tipo de castigo, de exilio?
De un momento a otro se dio cuenta de varias
cosas, algunas estudiantes sobresalientes de su colegio y otros similares habían
sido sorpresivamente becadas y trasladadas a otros lugares sin que se volviese
a saber de ellas, la gente simplemente se alegraba de dicha suerte, así que era
obvio que ellas también fueron elegidas para esa extraña prueba, además a Saya
la habían escogido por sus aptitudes tanto físicas como escolares, era una
buena corredora, la segunda mejor ciclista después de su padrastro, sabía nadar
muy bien, era una buena gimnasta y podría defenderse en un combate cuerpo a
cuerpo en caso de necesitarlo, además conocía sobre acampar en bosques y
montañas, sabia cocinar y hacer manualidades, sabia conducir vehículos pequeños
y manejar un par de herramientas eléctricas, además hablaba tres idiomas y
tenía tantos conocimientos sobre tantas cosas que se podría decir no habría
mejor persona preparada fuera la prueba que fuera, no sería tanto un
sacrificio, pensó, cuando volviera victoriosa todos reconocerían sus
capacidades incluso su padrastro y tal vez la dejaría en paz para hacer lo que
ella quisiera. Aunque se dio cuenta de la verdad se dijo a si misma que quería
enfrentar ese reto y ganar como una muestra de amor fraternal, pero en realidad
era más por vanidad propia, le pidió perdón a Dios por su pecado y fuerza y
sabiduría para aceptar lo que se venía, tenía tal vez solo un par de días para
compartir con su familia antes de irse a la prueba aquella, así que decidió
tratar de pasarla bien con su madre y sus hermanas, luego cogió la placa para
su mamá entre sus brazos y la apretó fuerte contra su pecho.
Cuando bajo no encontró a nadie en el comedor,
tampoco en la estancia pero escuchó voces que provenían del patio, se percató
que varias personas habían llegado por la cantidad de abrigos, sombreros y
algunos paquetes con regalos sobre la mesa auxiliar del pasillo, al parecer
gran parte de su comunidad religiosa había llegado temprano a felicitar también
a su madre antes de asistir al servicio dominical de medio día. Al salir al
patio dos de sus hermanas pasaron corriendo junto a ella, vio a sus
abuelos maternos y paternos y al padre del señor Carson, vio a un par de tíos
que no veía hace años y tímidamente los saludo levantando la mano, vio a varias
señoras de la iglesia con sus esposos hablando con su madre que sostenía ya tres
ramos de flores diferentes en sus brazos; sin titubear se dirigió a ella,
orgullosa, sujetando la placa por ambos costados, de pronto Carson se travesó y
colocando una mano sobre su hombro amablemente le dice:
- Espera Saya, quiero presentarte a un buen amigo
mío que quería conocerte desde hace tiempo. - Sin más opción, Saya fue guiada
hacia un hombre ya viejo pero bien vestido. La reacción de Saya al verlo fue
tan inesperada que no pudo ocultar su sorpresa y palideció de forma inmediata,
ante tal impacto, el visitante de forma muy preocupada le explica:
Saya permaneció muda y quieta con su boca
entreabierta, no por tan caballerosa presentación, sino de total sorpresa. Si
el señor Logadir y Carson son amigos, no había forma de escaparse de lo que se
venía, pensó, tal vez hasta su madre estaba enterada.
- Tu padre me había dicho que eres la mejor de tu
clase aunque no me había comentado que eras también una artista, que hermosa
pieza de arte llevas entre las manos - Dijo el Consejero. - ¿puedo verla?
- Es una toda una artista, aunque sus hermanas no
se quedan atrás, replico Carson al ver que Saya no decía nada.
- Excelente trabajo con la pintura mi niña, es el
perfecto regalo para una madre tan querida y devota como Lidya, que envidia, y
de la buena, tal vez y en una próxima ocasión te moleste y te encargue una obra
de arte como esta, quedaría excelente en mi oficina, si… excelente. Te la
pagare obviamente - Después de un hondo respiro, El Consejero se llevó las
manos a las solapas de su chaqueta y dijo directamente a Carson - Temo que debo
despedirme; el tiempo apremia y debo regresar a mis deberes en Litora y sabes
que es un largo viaje, felicítame nuevamente a tu hermosa esposa, Dios mediante
nos estaremos viendo pronto Kren.
- Gracias señor. - Respondió humildemente Carson y
aunque trato de acompañarlo a la salida, el Consejero no se lo permitió y solo
se limitó a decir que no descuidara a Lidya porque quería conocer al próximo
varón de la familia.
- Saya - dijo el señor Logadir en un tono serio pero a la vez suave - te diré, que aunque conocí a tu padre biológico, Carson es quizás el mejor padre que una familia como la tuya pudiera tener; después de Dios, la familia es lo más importante, no lo olvides, ¿sabes algo? Si algún día visitan Litora te mostrare un par de fotos que tengo con tu padre cuando trabajamos cerca de un faro en… bueno, es una larga historia para después, hasta luego mi niña, cuídate.
- Saya - dijo el señor Logadir en un tono serio pero a la vez suave - te diré, que aunque conocí a tu padre biológico, Carson es quizás el mejor padre que una familia como la tuya pudiera tener; después de Dios, la familia es lo más importante, no lo olvides, ¿sabes algo? Si algún día visitan Litora te mostrare un par de fotos que tengo con tu padre cuando trabajamos cerca de un faro en… bueno, es una larga historia para después, hasta luego mi niña, cuídate.
- Lo hare señor Logadir, muchas gracias. - pudo
balbucear Saya por educación.
Mientras ella se recuperaba lentamente del shock, analizaba
las nuevas variables de la situación pensó que tenía una carta triunfadora al
ser conocedora de lo que le esperaba, ya que si el señor Consejero era amigo de
la familia, tal vez tendría una especie de patrocinador importante en la
competencia a venir, tal vez ni correría ningún peligro, tal vez el Consejero vino
a cerciorarse que su atleta este bien para la prueba, tal vez y hasta estaría
apostando por ella, - habrá dinero de por medio, que bien! - pensó. De momento
el hecho de que todos los de la junta de ancianos la hubieran seleccionado
a ella la hacía sentir muy importante, casi ni se interesó en la historia
inédita de su padre.
Carson detallaba la placa que Saya sostenía aun
con ambas manos y antes de que ella reanudara su paso hacia su madre, se acercó
nuevamente hacia ella y con voz baja le pregunto:
- ¿Saya… extraviaste tu anillo de Pureza? No lo
llevas puesto, ¿sabías?
Saya nuevamente palideció, el anillo de pureza que
el propio Carson le había entregado en una celebración religiosa y que
replantaba un compromiso de castidad hasta el matrimonio entre una joven
adolescente y su padre quien se encargaría de protegerla y guiarla, no se
encontraba en su mano izquierda como lo había estado por meses, eso solo
significaba dos cosas, o lo había extraviado o…
- Se manchó con pintura y algo de barniz, fue un
descuido mío - dijo algo temerosa y en forma rápida - pero, no hay de qué
preocuparse, no lo he extraviado, se exactamente dónde está - termino
expresando en una forma muy segura y calmada lo cual tranquilizo a Carson; esto
último no era una mentira, el anillo se encontraba bien guardado dentro de una
caja, cuidadosamente enterrada junto a dos abetos en un paraje del bosque sur
de Boowdyur frente a la primera señal de transito que da a la interestatal 26.
- Bien, tratemos de no estremecer a Lidya con eso,
especialmente hoy, será nuestro secreto, ok?

1 comentario:
me encanto y ya espero con muchas ansias el siguiente capitulo.
Publicar un comentario