26 de abril de 2014

Mas allá del rojo y el azul - Capitulo II



- Comete el desayuno por favor, sabes que los omelets de hoy son especiales - Saya levanto una ceja y medio arrugo la frente al escuchar aquellas palabras de la boca de su padrastro, el "señor Carson", así era como ella se dirigía hacia él. Saya era de las personas a quienes no le gustaban que le dijeran exactamente lo que ya sabía que debía hacer; además de eso, ella lo odiaba, su figura paterna le había sido impuesta estando muy joven y a pesar de que por algún tiempo se llevaron bien, desde hace unos meses su tolerancia hacia su padrastro se convirtió en hostilidad, su familia creía que se trataba de una simple transición en su proceso como adolescente, pero no era un odio solo hacia él, Saya parecía que odiaba a todos los hombres en general, como si todos y cada uno de ellos la hubieran ofendido gravemente y por descaro u osadía quisieran hablarle, contrariarla, enfrentarla y tal vez aplastarla, su padrastro definitivamente encabezaba la lista, a pesar de que hasta la fecha ha sido un padre ejemplar, un sencillo trabajador que se hizo cargo de una viuda  con sus tres pequeñas hijas y un muy reconocido hombre religioso en su localidad. Saya sabía que hacia mal, su religión no le permitía mantener semejante rencor, era inconcebible para su moral, un completo acto de ingratitud para su madre, y solo un show de rebeldía y envidia según sus hermanas, quienes obviamente estaban más del lado del señor Carson que de ella y sus constantes actos de desobediencia.

Como era natural a su edad, Saya era rebelde, mantenía un constante conflicto interno, sus creencias religiosas inculcadas desde muy pequeña le decían que debía ser respetuosa, obediente, agradecida y cariñosa hacia su padrastro, pero ella solo podía verlo como a un extraño, a un enemigo que quería engañar a su familia, a su madre, a sus hermanas; la forma en que hacía y decía las cosas acrecentaba el odio que le tenía, el simple hecho de que tan amablemente le pidiera que hiciera algo por él era más un reto, una imposición velada; Saya deseaba que su padrastro perdiera toda paciencia y tolerancia, que le gritara y le demandara respeto y obediencia y que como cualquier “troglodita” impusiera sus normas y órdenes a base de gritos y golpes, que se rompiera esa fachada de hombre amable y humilde; Saya podría defenderse físicamente en caso de ser necesario, sabía algo de jiujitsu gracias a algunas clases a las que asistió hace años, sería una heroína en la familia, eso le revelaría al mundo quien tenía la razón, quien era bueno y quien malo, sin embargo esa oportunidad parecía que nunca llegaría.

Saya Esllor era la hija mayor entre cuatro hermanas, cada una de ellas dos años mayor que la siguiente. Lidya, la madre, había enviudado hace ocho años en un accidente automovilístico y por no dejar a sus hijas sin una figura paterna decidió buscar un hombre que pudiera sostenerlas económicamente y que fuera según las disposiciones de su religión el más adecuado como padre y esposo, incluso sus antiguos suegros alabaron su elección y entre la sociedad de Boowdyur no se hubiera podido encontrar una mejor pareja felizmente casada y colmada de bendiciones. El señor Carson era una figura ejemplar y sin igual, una persona muy trabajadora, era el administrador en un almacén de insumos electrónicos, siempre sonriente, amable y dispuesto a escuchar a quien fuera, era una persona muy culta, religiosa y en sus debidos momentos, un romántico, tal y como lo había demostrado esa mañana al preparar el desayuno para el cumpleaños de su esposa, la escena en el comedor familiar era mas o menos así: varias pilas de omelets de varios grosores en forma de corazón y bañadas en miel, o al menos parecían tener forma de corazón, ya que el molde había sido improvisado con papel aluminio y sujetado con ganchos de engrapadora, dos jarras de jugo de naranja totalmente natural endulzado con miel, una ensalada de manzana y zanahoria toscamente cortadas y ralladas cubiertas en salsa de vinagreta y una que otra gota de miel en el centro, además de una jarra ancha en porcelana a medio llenar y con las palabra “miel” impresa varias veces alrededor de la misma, varias galletas de sal, una pequeña caja muy mal envuelta con un moño algo gracioso, un espléndido ramo de flores en el centro de la mesa principal además de otras decoraciones alrededor de la sala comedor que incluían dibujos de girasoles y abejas, todo con motivo del cumpleaños de Lidya, quien a pesar de sus cinco meses de embarazo y de la alegría sincera de sus hijas más jóvenes contuvo sus lágrimas de felicidad ante la expresión seca y de absoluta seriedad de su hija mayor quien aún se encontraba sentada ante el comedor familiar; las últimas semanas de su embarazo habían sido algo delicadas por lo que recientemente se encontraba más emocional que de costumbre, después de un largo suspiro, ya no pudo contener sus lágrimas y con una enorme sonrisa agradeció a todos por el temprano y sorpresivo detalle.

- Las niñas me ayudaron, tienes que estar orgullosa de cuan creativas se han vuelto, en especial Marai - Dijo el señor Carson señalando hacia la más pequeña de las niñas, ella era su primera hija juntos y hasta ahora la más consentida de la casa ya que pronto nacería Emanuel, el primer varón en la familia.

- Cuando vas a cambiar tu actitud hacia Kren? Es como si te hubiera hecho algo despreciable - Dijo Lydia en voz baja a su hija Saya sentándose a su lado en la mesa una vez le dieron un respiro después de las descripciones de todos los preparativos y las decoraciones, pero Saya rápidamente le interrumpió. 

- ¡No pasó nada!, ¡Ay! De que hubiera pasado algo madre, te aseguro que él no tendría esa sonrisa en su cara ahora mismo.

- ¡Saya! Porque eres tan… cruel con él, es mi  esposo y ha sido un padre maravilloso hasta ahora, tú lo querías hace algún tiempo y…

Nuevamente Saya se le adelanto:

- Al crecer empiezas a ver las cosas como son, a las personas como realmente son. Te volviste una… persona… sumisa desde que él llegó madre, agradezco lo que tú te has sacrificado por nosotras, pero a veces es como si no pudieras opinar o hacer nada sin su permiso, tu hubieras podido sacarnos adelante sola, hubieras continuado tu carrera, todos te hubiéramos apoyado, no lo necesitabas, no había razón para que buscaras un hombre.

- Las cosas no eran tan fáciles en ese entonces Saya, ya te lo he dicho varias veces, llegará el momento en que entenderás porque hice lo que hice, a veces tenemos que encarar ciertos sacrificios, este no fue... uno de ellos, no es bueno que una mujer este sola, sabes que escrito esta que el hombre y la mujer…

- Si madre, conozco ese pasaje… - Interrumpió Saya de nuevo, luego hizo una pausa tratando de que las palabras salieran de su boca - No tengo madera para esposa, creo, nada de esto es lo mío, nunca me voy… a casar - murmuró.

- Oh... es eso entonces? en cierta forma esa revelación me alivia, creo saber entonces el porqué de tu actitud, aunque… no sé cómo esperas formar una familia tu sola; es… un temor pasajero, es por tu edad, tu vocación ya se te revelará a su tiempo, no pienses en eso ahora, está bien, sabes ya hablaremos de eso; por ahora por favor sonríe, quiero verte sonreír estos días, comparte con nosotros, por hoy no quiero saber de conflictos y caras amargadas - Mientras le decía esto a su hija con un tono melancólico, Lidya le retiró un mechón de cabello que le cubría la cara y se lo paso por detrás de la oreja. Saya suspiro y fingió que esbozaba una sonrisa, se había vuelto muy hábil en fingir ciertas reacciones y decirle a las personas algo que quizás querrían oír; amaba y respetaba mucho a su madre aunque no estuviera de acuerdo con que ella hubiera sido relegada a un segundo plano por su padrastro, luego dijo en voz alta y con un tono sobresaltado:

- Gracias, te deseo un muy feliz cumpleaños má… ¡Ay! ¡Tú Regalo! Ya vuelvo. - Rápidamente subió a su cuarto no por el presente de cumpleaños olvidado, sino para huir. Una vez llego a su habitación cerró la puerta y se descargó en su cama como si hubiera acabado de llegar de un pesado turno de trabajo, este era su santuario, donde le gustaba pasar tiempo, siempre a solas, ya fuera leyendo sus libros o alguna de sus biblias, escuchando música de la única emisora góspel del área mientras hacia sus tareas o preparando y organizando su agenda diaria.

Saya era algo estricta y ordenada con sus cosas, pero con un pequeño defecto: era demasiado curiosa, y esa curiosidad y deseo de investigar era algo inusual, no se conformaba con las simple asignaturas del colegio, indagaba y buscaba más información en cuanto a historia, variables, ejemplos, contradicciones, biografías, etc… tenia pilas de fotocopias de libros y revistas bien organizadas con mucha información sobre algunos deberes escolares que realmente solo hubieran necesitado una respuesta afirmativa o negativa, en clase siempre daba a conocer su punto de vista y resúmenes de una manera algo orgullosa, presumiendo de sus conocimientos hacia sus compañeros, sus observaciones y respuestas no eran siempre bienvenidos por todos ellos ya que la veían como a una “nerd” que solo deseaba alargar de por si una clase aburrida y ser la sabelotodo, la mascota del  profesor; para Saya todos ellos sin excepción solo eran un grupo de flojos conformistas que no triunfarían en la vida y sus maestros solo lideres mediocres, a veces pensaba que el asistir a clases era una pérdida de tiempo, ya sabía mucho de todo y sus notas escolares eran una prueba; su audacia y curiosidad no solo la habían alejado de un círculo social sino que también la habían llevado a meterse en algunos problemas, varias veces se había quedado encerrada en la biblioteca devorando libros hasta tarde cuando ya la habían cerrado y tuvo que escabullirse por una ventana para regresar a su casa a tiempo, pronto eso se convertiría en una rutina; a veces investigaba en la sala de profesores, en el cuarto de mantenimiento, en las bodegas del colegio, revisaba a hurtadillas en los áticos y en los sótanos y leía rápidamente cuanto libro consideraba interesante de las bibliotecas de las casas en las que a veces trabajaba como niñera.

A pesar de su educación y de las advertencias de sus padres y del pastor de la iglesia, Saya tenía un gran interés sobre literatura no tan religiosa, le fascinaban algunas historias de ficción como Las Dimensiones de Zoe o la Trilogía de los Drones Olvidados, historias de aventura como La Corsaria Anastasia, El Alfabeto del Mar, El Lotus Inmortal, historias de romance como La Decisión más Sensata, Una semana y tres días en Paris y La Boda que estuvo a punto de ser Cancelada, relatos de vengadores con pasados tristes como en Búsqueda de un Lobo Huargo, La Determinación de Arhdiy y El Káiser Carmesí, le gustaban varias historias especialmente si el personaje principal era una joven mujer con quien se usualmente se identificaba, incluso había leído algunos relatos algo oscuros y tal vez herejes  sobre otros dioses milenarios y seres espaciales, tan solo un par de libros de una colección algo extensa pero escasa en la ciudad. La mayoría de estos escritos, por no decir todos, eran literatura prohibida, uno de tantos secretos que tenía, así como el sueño de un futuro muy lejos de la ciudad de Boowdyur, un futuro exitoso, una vida independiente, lo cual a pesar de ser un sueño era también un plan a largo plazo, ya tenía muchas cosas vislumbradas, algunas algo imposibles pero aun así planeadas, contaba con algunos ahorros y mentalmente y por internet ya había recorrido el camino fuera de la ciudad hacia la capital, autopistas, variantes, rutas para ciclistas, calles de un solo sentido, atajos, sabia cuanto costaba el alquiler de un carro, la estadía en un motel, el valor de un desayuno en varios paraderos así como las direcciones de varias agencias de trabajos temporales en la ciudad capital, y si todo fallaba aun podía contar con la ayuda de una tía paterna a quien toda la familia a excepción de Saya le había dado la espalda cuando revelo su orientación sexual, sabía que la profesión que deseaba estudiar le costaría mucho, desde muy joven se había decidido por el campo farmacéutico, algo que su familia apoyaba y que Carson generosamente estaba dispuesto a financiar, la idea de deberle algo así a su padrastro la saco de su ensoñación y la trajo a la realidad, tal vez su plan de independencia moriría como uno de sus tantos secretos. Saya se levantó de la cama y se dirigió hacia su closet, de una caja de cartón marcada como “cuadernos viejos”, saco una bolsa que contenía el regalo de cumpleaños para su madre, una hermosa placa redonda en madera con un ave tallada y pintada completamente a mano, le tomo un par de fines de semana pero su regalo estuvo listo con dos meses de anticipación, nadie supo de su proyecto. - Otro secreto más - Pensó.

La palabra “sacrificio” que su mama había utilizado en su anterior conversación vino a su mente. Saya había descubierto por error durante una de sus estadías hasta tarde en la biblioteca del colegio que había sido seleccionada para una extraña prueba, aunque no consiguió información acerca de la naturaleza de la misma si había escuchado al rector y a otros adultos comentar sobre las cualidades físicas y escolares  de las niñas Esllor con un señor al que se referían como el Consejero, también se había enterado que tendría un compañero masculino casi de su edad y oriundo de Litora, un poblado vecino, reconoció el apellido del chico cuando la junta lo pronuncio y casi maldijo en voz alta su mala suerte, pensó que no tendría mejor oportunidad de abandonar su pueblo natal y seguir su sueño que esta, aunque el hecho de que fuera la primer seleccionada le hacía sentir cierto orgullo, no le gusto para nada su emparejamiento, la reputación de su futuro compañero era conocida casi a nivel "mundial", sin embargo no podría huir fácilmente, porque una de las cláusulas que el Consejero demando era que en caso de que Saya no pudiera presentarse su reemplazo tenía que ser la siguiente de las otras niñas Esllor, y para su horror el Comisario Drake, quien también asistió a la reunión fue el primero en decir que no tenía objeción alguna, seguidos por el Pastor de la comunidad y el alcalde. Saya se vio en un aprieto, podría decirle a sus hermanas que escaparan con ella, pero que haría con tres menores de edad recorriendo medio país, seria secuestro y era seguro que sus hermanas no abandonarían a sus padres, no tenía a quien delatar el plan que tenían para ella, la “autoridad y la ley” estaban en esta conspiración, ya no tenía amigos en el colegio y aparentemente no se podía confiar en ningún adulto. ¿Y si le decía a su madre?, era seguro de que no le creyera y de que el señor Carson se enteraría ya que su mama le informaba de todo y sus padres no tenían secretos entre ellos y tal vez sería puesta en ridículo frente a la comunidad por el hombre que más odiaba, además así le creyera no quería deberle su salvación a su padrastro. ¿Y si escapaba? Tal vez seleccionarían a Triana su hermana menor, muy lista y muy obediente, pero demasiado ingenua, no podía dejar a sus hermanas con un pervertido, no era por religión, era su deber moral protegerlas siendo la mayor.

Sacrificio, sacrificio… esa palabra le taladraba la mente, ¿no habría otra opción? Sopeso todos factores como un problema matemático siempre dando el mismo resultado, ¿qué clase de prueba era aquella en la que varios ancianos tenían que reunirse tarde en la noche para seleccionar a sus participantes de forma tan sospechosa? ¿Porque tanto misterio? ¿Porque los principales jefes de la ciudad siguen y obedecen a un extraño? ¿Habrá alguna especie de recompensa si gano? ¿Porque debía ser un prueba en parejas y justo con ese? ¿Habría hecho algo malo en la comunidad anteriormente y que mereciera ese tipo de castigo, de exilio?

De un momento a otro se dio cuenta de varias cosas, algunas estudiantes sobresalientes de su colegio y otros similares habían sido sorpresivamente becadas y trasladadas a otros lugares sin que se volviese a saber de ellas, la gente simplemente se alegraba de dicha suerte, así que era obvio que ellas también fueron elegidas para esa extraña prueba, además a Saya la habían escogido por sus aptitudes tanto físicas como escolares, era una buena corredora, la segunda mejor ciclista después de su padrastro, sabía nadar muy bien, era una buena gimnasta y podría defenderse en un combate cuerpo a cuerpo en caso de necesitarlo, además conocía sobre acampar en bosques y montañas, sabia cocinar y hacer manualidades, sabia conducir vehículos pequeños y manejar un par de herramientas eléctricas, además hablaba tres idiomas y tenía tantos conocimientos sobre tantas cosas que se podría decir no habría mejor persona preparada fuera la prueba que fuera, no sería tanto un sacrificio, pensó, cuando volviera victoriosa todos reconocerían sus capacidades incluso su padrastro y tal vez la dejaría en paz para hacer lo que ella quisiera. Aunque se dio cuenta de la verdad se dijo a si misma que quería enfrentar ese reto y ganar como una muestra de amor fraternal, pero en realidad era más por vanidad propia, le pidió perdón a Dios por su pecado y fuerza y sabiduría para aceptar lo que se venía, tenía tal vez solo un par de días para compartir con su familia antes de irse a la prueba aquella, así que decidió tratar de pasarla bien con su madre y sus hermanas, luego cogió la placa para su mamá entre sus brazos y la apretó fuerte contra su pecho.

Cuando bajo no encontró a nadie en el comedor, tampoco en la estancia pero escuchó voces que provenían del patio, se percató que varias personas habían llegado por la cantidad de abrigos, sombreros y algunos paquetes con regalos sobre la mesa auxiliar del pasillo, al parecer gran parte de su comunidad religiosa había llegado temprano a felicitar también a su madre antes de asistir al servicio dominical de medio día. Al salir al patio dos de sus hermanas pasaron corriendo junto a ella, vio a sus abuelos maternos y paternos y al padre del señor Carson, vio a un par de tíos que no veía hace años y tímidamente los saludo levantando la mano, vio a varias señoras de la iglesia con sus esposos hablando con su madre que sostenía ya tres ramos de flores diferentes en sus brazos; sin titubear se dirigió a ella, orgullosa, sujetando la placa por ambos costados, de pronto Carson se travesó y colocando una mano sobre su hombro amablemente le dice:

- Espera Saya, quiero presentarte a un buen amigo mío que quería conocerte desde hace tiempo. - Sin más opción, Saya fue guiada hacia un hombre ya viejo pero bien vestido. La reacción de Saya al verlo fue tan inesperada que no pudo ocultar su sorpresa y palideció de forma inmediata, ante tal impacto, el visitante de forma muy preocupada le explica:

- Sé que mi bigote es algo inusual, pero no tiene nada de qué alarmarse señorita Esllor, permítame presentarme, soy Fritzgard Logadir, pero muchos me conocen como El Consejero porque... aparentemente doy buenos consejos - rápidamente y sin permiso invadió el espacio personal de Saya,  acerco sus labios a la oreja derecha y le susurro - pero el secreto es... simplemente solo escuchar y observar. Es un todo un placer el poder conocerla, señorita - Cortésmente extendió su brazo tomo la mano derecha de Saya por los dedos y le dio un rápido beso en los nudillos.

Saya permaneció muda y quieta con su boca entreabierta, no por tan caballerosa presentación, sino de total sorpresa. Si el señor Logadir y Carson son amigos, no había forma de escaparse de lo que se venía, pensó, tal vez hasta su madre estaba enterada.

- Tu padre me había dicho que eres la mejor de tu clase aunque no me había comentado que eras también una artista, que hermosa pieza de arte llevas entre las manos - Dijo el Consejero. - ¿puedo verla?

- Es una toda una artista, aunque sus hermanas no se quedan atrás, replico Carson al ver que Saya no decía nada.

- Excelente trabajo con la pintura mi niña, es el perfecto regalo para una madre tan querida y devota como Lidya, que envidia, y de la buena, tal vez y en una próxima ocasión te moleste y te encargue una obra de arte como esta, quedaría excelente en mi oficina, si… excelente. Te la pagare obviamente - Después de un hondo respiro, El Consejero se llevó las manos a las solapas de su chaqueta y dijo directamente a Carson - Temo que debo despedirme; el tiempo apremia y debo regresar a mis deberes en Litora y sabes que es un largo viaje, felicítame nuevamente a tu hermosa esposa, Dios mediante nos estaremos viendo pronto Kren.

- Gracias señor. - Respondió humildemente Carson y aunque trato de acompañarlo a la salida, el Consejero no se lo permitió y solo se limitó a decir que no descuidara a Lidya porque quería conocer al próximo varón de la familia.

- Saya - dijo el señor Logadir en un tono serio pero a la vez suave - te diré, que aunque conocí a tu padre biológico, Carson es quizás el mejor padre que una familia como la tuya pudiera tener; después de Dios, la familia es lo más importante, no lo olvides, ¿sabes algo? Si algún día visitan Litora te mostrare un par de fotos que tengo con tu padre cuando trabajamos cerca de un faro en… bueno, es una larga historia para después, hasta luego mi niña, cuídate.

- Lo hare señor Logadir, muchas gracias. - pudo balbucear Saya por educación.

Mientras ella se recuperaba lentamente del shock, analizaba las nuevas variables de la situación pensó que tenía una carta triunfadora al ser conocedora de lo que le esperaba, ya que si el señor Consejero era amigo de la familia, tal vez tendría una especie de patrocinador importante en la competencia a venir, tal vez ni correría ningún peligro, tal vez el Consejero vino a cerciorarse que su atleta este bien para la prueba, tal vez y hasta estaría apostando por ella, - habrá dinero de por medio, que bien! - pensó. De momento el hecho de que todos los de la junta de ancianos la hubieran seleccionado a ella la hacía sentir muy importante, casi ni se interesó en la historia inédita de su padre. 

Carson detallaba la placa que Saya sostenía aun con ambas manos y antes de que ella reanudara su paso hacia su madre, se acercó nuevamente hacia ella y con voz baja le pregunto:

- ¿Saya… extraviaste tu anillo de Pureza? No lo llevas puesto, ¿sabías?

Saya nuevamente palideció, el anillo de pureza que el propio Carson le había entregado en una celebración religiosa y que replantaba un compromiso de castidad hasta el matrimonio entre una joven adolescente y su padre quien se encargaría de protegerla y guiarla, no se encontraba en su mano izquierda como lo había estado por meses, eso solo significaba dos cosas, o lo había extraviado o…

- Se manchó con pintura y algo de barniz, fue un descuido mío - dijo algo temerosa y en forma rápida - pero, no hay de qué preocuparse, no lo he extraviado, se exactamente dónde está - termino expresando en una forma muy segura y calmada lo cual tranquilizo a Carson; esto último no era una mentira, el anillo se encontraba bien guardado dentro de una caja, cuidadosamente enterrada junto a dos abetos en un paraje del bosque sur de Boowdyur frente a la primera señal de transito que da a la interestatal 26.

- Bien, tratemos de no estremecer a Lidya con eso, especialmente hoy, será nuestro secreto, ok?

-Vale - respondió secamente Saya entre dientes. - Vaya idiota entrometido - pensó mientras se alejaba de él con dirección a su madre.

1 comentario:

Anónimo dijo...

me encanto y ya espero con muchas ansias el siguiente capitulo.