20 de marzo de 2014

Mas allá del rojo y el azul - Capitulo I




Habían pasado tan solo un par de días, pero aun así fueron tan extenuantes como aquel mes de mayo en el que trabajó arduamente en la granja de los Neth para solventar las reparaciones y los gastos que le dejaron su primer y ultima borrachera; Para Mid Vadena los últimos dos días concurrieron como una marejada de acontecimientos sin control, fueron un par de días de aquellos en que quieres olvidar y dejar todo atrás, de aquellos que solo deseabas arrojarte a la cama una vez llegada la oportunidad y escapar del todo el stress, las responsabilidades, el drama de todas esas personas que vienen y van, y olvidar absolutamente todo, pero no era así; aparte de un terrible agotamiento físico, una cantidad de ideas y pensamientos diversos revoloteaban en la mente de Mid, en especial todo su pasado que sin previo aviso había dejado atrás, ideas sobre sus deberes en el trabajo y de las proyectos de la escuela que quedaron inconclusos, pensamientos acerca de la procedencia de aquellas figuras humanas que lo rodeaban y que parecía que clavaban sus miradas en el centro mismo de su alma, si es que en verdad los humanos tenían alma, pensaba también. Mid siempre gusto de manejar un bajo perfil, pero esta vez era el centro mismo de la atención y aunque pensó y debatió en varias formas de huir, sus piernas no respondieron.

No sabía por qué se encontraba ahí, porque lo habían elegido, aunque su tío le había comentado algo en el camino, solamente escucho palabras y frases sin sentido que ya ni recordaba, deseaba no haber estado tan cansado y haber prestado más atención, ahora parecía ser el protagonista en una extraña prueba de la que no sabía mayor cosa a excepción de unos cuantos comentarios que justo ahora le venían a la mente y que alguna vez escucho por ahí, eran algo así como alguien mencionando al amigo del amigo de algún conocido que se fue de viaje repentinamente un fin de semana y jamás se tuvo noticia de él nuevamente, algunas veces se trataba del mejor atleta del colegio, otras veces fue el chico más listo de alguna clase, en otras ocasiones era el carismático o el promisorio exitoso, nunca un joven cualquiera, pero siempre un varón; así que las teorías de una prestigiosa beca sorpresa o de un cambio de domicilio a un lejano pero mejor pueblo no tenían forma de rebatirse; "La Prueba" sin embargo, como algunos denominaban a estas desapariciones,  se había convertido más en un cuento para desmotivar y asustar a los niños estudiosos; sea lo que fuere, ahora Mid se encontraba metido en ese lio, sin saber porque y sin tener conocimiento de lo que le esperaba.

Dado que Mid nunca gusto y procuro socializar, nunca extraño el no volver a ver a uno que otro compañero de clase que repentinamente fue trasladado a otra ciudad, a un trabajo mejor o a una escuela mejor pero siempre se rumoraba que habían sido escogidos para una extraña prueba; todos los residentes de Litora manejaban un hermetismo casi extremo en sus actividades familiares y sus pequeños círculos sociales, desde jóvenes todas las personas en aquella ciudad crecían con esa tendencia. Entre tantos rumores acerca de la Prueba se decían que eran ofrendados como tributos para una raza extraterrestre, que se trataba de un acuerdo de canje con otras ciudades para extender ciertos apellidos y líneas de sangre, también se decía que eran vendidos por grandes cantidades de dinero y bienes a ciertas compañías que acababan de educarlos para ser ejecutivos muy poderosos, otros teorías decían que solo se trataba de un rito el cual  poseía cierto carácter solemne y religioso, algo así como una prueba de fuego, un bautizo, por lo que era un tema que simplemente carecía del total interés para Mid, incluso el tema en sí le importaba tanto o más como el saber lo que iba a desayunar cada mañana; nunca llego a conocer a los pocos jóvenes que los que se decían habían sido enviados, lo cierto es que jamás se preocupó, con tantas personas en un pueblo en el que nadie se interesa mucho en otro alguien, una cara menos a la cual recordar le era indiferente, sin embargo empezaba a arrepentirse de no haber indagado un poco más, odiaba el no poder afrontar lo que se venía por el simple hecho de carecer de la información necesaria, lo consideraba un total descuido, aunque la idea de que se encontraba en medio de una broma colegial paso un par de veces por su cabeza, el hecho de que su tío hubiera sido quien lo llevó y lo entregó como si fuera un paquete lo desconcertaba mucha más, también se le hizo extraño, o al menos eso creía recordar, que fue su propio tío quien durante el camino le menciono su participación en "La Prueba".

Mid no tenía parientes cercanos más que su tío, un hombre robusto, de bigote gracioso y tez blanca pero manchada por el sol, de unos cincuenta años al que todo el mundo conocía como El Consejero y a quien le fue encomendado Mid cuando apenas mostraba sus primeros pasos, sabia por comentarios malintencionados que no tenía relación de sangre con su tío, hasta donde se daba por enterado ya que ese tema era un tabú, ninguno de ellos tenía algún otro familiar, ni en ese ni en los pueblos cercanos, ambos eran simples habitantes en un pueblo muy religioso y encerrado en sus costumbres y que no indagaban en el pasado de los demás, sin embargo existía una diferencia entre ambos:  El Consejero era una persona de respeto en el pueblo, citado casi a diario para importantes reuniones y de quien siempre se esperaba el comentario final de aprobación o desaprobación, incluso su mirada seria y un leve movimiento de su cabeza a modo de consentimiento era suficiente para algunos apurados “aristócratas” y sus problemas o proyectos; se dice que en tiempos pasados fue un comerciante que viajaba por todo el mundo, pero que finalmente se estableció en la comunidad, y junto con los representantes de las familias más antiguas levantaron el pueblo, el cual peligraba con desaparecer del mapa, ya que no encajaba con el progreso exterior y sus habitantes obstinados y achapados a la antigua no permitían intromisión de lo que ellos llamaban “un mundo contaminado”.

Aunque el pueblo de Litora le debía mucho al Consejero, su sobrino Mid Vaddena no era considerado persona de importancia pero gozaba de ciertas libertades que le permitían mantenerse apartado de la mayoría de reuniones sociales y cultos; aunque muy a pesar de su tío, el hecho de que lo mantuvieran excluido nunca pareció molestarle, pero Mid creció como una persona que no alcanzaría los estándares que se esperaba para su edad, era un chico muy listo pero perezoso, de bajas calificaciones y aparentemente pocas aptitudes, obediente pero terco, siempre dispuesto a colaborar en lo que le dijeran pero tan callado y tímido que simulaba orgullo y displicencia, además siempre inquiría en que todo lo que hacían los adultos en sus extrañas y tardías reuniones en el salón mayor de la plaza tenían algún otro significado que el de planear carnavales o resolver problemas con los cultivos, el acueducto o pequeños inconvenientes entre vecinos. Sin embargo poco o nada le importaba esto a Mid, durante los últimos seis meses su apatía y un aparente odio hacia la vida social, así como una expresión de constante amargura y dolor hacia que las personas literalmente huyeran de su presencia, ignorándolo pero permitiendo que fuera el mensajero y encargado de las reparaciones generales en sus viviendas más por respeto a su tío que por su pericia.

Al ser un joven sin muchas responsabilidades y de horario libre, Mid estuvo atendiendo la emergencia presentada el sábado en la noche en el teatro del pueblo, donde al parecer una pequeña chispa originó un incendio que pudo haber consumido varias cuadras enteras de no ser por la oportuna intervención de un improvisado grupo de bomberos armados de baldes con agua, Mid trabajo en el rescate de muebles y losas así como en algunas reparaciones para fortalecer la estructura temporalmente, incluso fue uno de los pocos sobrevivientes al verse envuelto en un accidente en el cual él y otro muchacho que se presentó a auxiliar a última hora quedaron atrapados en el sótano del teatro bajo varios escombros, por lo que sus planes de un fin de semana alejado de la cotidianidad, la religiosidad y especialmente la gente de Litora, se vieron reducidos a un exasperante trabajo de salvamento de materiales en medio de las llamas, de reparaciones  y de una angustiosa espera en una habitación totalmente sellada donde por unos minutos se creyó muerto; había dormido unas dos horas en los últimos dos días, ya que desde el viernes a media noche fue víctima de una cruel broma colegial, al no querer molestar a su tío con acusaciones y problemas, se dedicó a leer su libro favorito y realizar mentalmente las tareas de sus clases de colegio durante la madrugada, tareas que nunca presentaba, no por no entenderlas, sino porque no le agradaba el maestro ni sus compañeros; desde bien de mañana y gran parte del día tuvo que recoger varios repuestos e insumos para su tío en varias partes del pueblo y en la encrucijada al sur del campo de los Lyson, donde se encontraba un deposito en el que descargaban mucha de las cosas enviadas del exterior, este era sin embargo uno de los puntos más retirados del pueblo y que prácticamente se considera como una frontera al que nadie gustaba de ir por ser una planicie árida que se extiende hasta el horizonte con una vieja carretera que parece igualmente pareciera no tener fin, si la gente del pueblo mostraba desinterés por las comunidades vecinas el sentimiento era casi reciproco.

Hacia tan solo unas cuantas horas, pareciera que su tío le había ordenado subirse al carro después de cargar algunas provisiones, no descartaba la idea de un viaje a pescar o algo semejante pero Mid preferiría pasar el tiempo a solas de ser posible, además de que se encontraba mental y físicamente al borde de un colapso, no discutió en lo absoluto durante todo el viaje, pero eso se debía al cansancio. Debía ya ser lunes de madrugada, o eso creía Mid, en este preciso instante se encontraba parado junto a una hoguera y frente a una joven mujer, alguien más a su lado murmuraba cosas inaudibles, solo pudo entender que su vida parecía haber sido comprometida con aquella total desconocida, una niña que por su estatura aparentaba ser de su edad, pero que furtivamente dejo escapar una mirada fría y calculadora a través de la capota de su atuendo, indago en que el rostro de la joven en frente suyo era totalmente desconocido - una extranjera? no conozco a nadie en Litora de ojos azules - pensó. Pero curiosamente eso pareciera no ser una novedad, trato de recordar caras y apellidos pero solo surgieron imágenes confusas que atiborraron su cabeza con temores y prejuicios, creyó que había estado parado por varias horas en el mismo punto donde todo se repetía una y otra vez y en un pestañear que sintió lo arrebata del momento, recordaba su ensayo de la clase de historia, los detalles del detonante del conflicto que origino la primera guerra mundial al igual que el conjunto de llaves nuevas que Giorgio Coleman había llevado para la reparación de una tubería esa madrugada, su pensamiento  giraba en torno a su muñeca ensangrentada como parte de aquel extraño ritual en el que se encontraba así como en los colores nuevos (especialmente los rojos) de las etiquetas de las latas de pintura con fabricación en un pueblo de nombre desconocido para él y que se encontraban en la lista de insumos de su tío; la altura de la llamarada del fuego del teatro así como las caras cubiertas de hollín de los rescatistas en el lugar, fórmulas matemáticas y las palabras rebuscadas de otro trabajo escolar sobre de importancia de ciertas especies de insectos en los cultivos agrícolas de la región se mezclaban con frases desconocidas de la figura encapotada que daba vueltas alrededor de los jóvenes, las chispas de la soldadura con la que consiguieron cortar el hierro de la tapa de una caldera se mezclaban con las chispas de la hoguera que parecía más la quema de una bruja; se acordó de la primera vez que vio el fuego  en una pequeña hoguera que su tío y unos amigos realizaron un octubre ya muy lejano cuando era un niño, lo comparo con el fuego extendiéndose por muros y el techo de los pasillos del teatro, la hoguera a su lado era muy diferente, se imaginó en una Europa medieval, recorriendo Francia, luego se le vino a la mente Rusia, Alemania y otros países que estuvieron en guerra durante el siglo pasado y en los cuales él estuvo interesado en visitar algún tiempo atrás, se acordó también que el reloj en el coche de su tío estaba descompuesto y nunca supo a qué hora le habían ordenado que se subiera al vehículo, ni cuanto había durado realmente el viaje, pensó que era sábado de madrugada aun, pero el calor de la fogata en frente suyo le recordó el pesado verano que se hacía más evidente justo al medio día.


Mid estaba perdido, cerró los ojos fuertemente, concentrado y a voz baja se decía a si mismo su propio nombre una otra vez, por lo que pudo escuchar su nombre completo ser pronunciado junto con otras palabras en un dialecto totalmente ajeno para él; por un instante supo que se encontraba muy lejos de Litora, cercado de mucha gente vestida como los druidas de los que también había leído alguna vez, con su brazo derecho extendido y paralelo al de su compañera quien también mostraba una molestia por la cortada causada en su muñeca, el fuego a su lado ardía con más intensidad, y el calor se volvió insoportable, justo cuando empezaba a desvanecerse noto que los ojos de la muchacha en frente suyo eran cafés, no azules, luego sintió una mano sobre su hombro derecho, era de la persona que había estado hablando un sermón incoherente alrededor suyo por largo rato, este pronuncio su nombre completo: Mid Vadena, seguido del nombre de su acompañante Saya Esllor, se percató que la joven parecía estar en trance como si estuviera orando, sus labios se movían rápidamente pronunciando frases que no lograba escuchar claramente, abstraída como si pretendiera ignorar su situación, el ambiente se tornó aún más insoportable, pesado y abrasador; acto seguido todo fue solo oscuridad.

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